La plasticidad neuronal es la clave del desarrollo neurológico infantil
La noción de plasticidad
celular es una propiedad que caracteriza a las células madre y que les
permite diferenciarse. Se ha demostrado que una célula no sólo puede
diferenciarse de otra, sino que también tiene la posibilidad de regresar a su
estado previo.
Durante mucho tiempo los científicos
creían que las neuronas morían y no eran reemplazadas por otras nuevas. Desde
1944, pero sobre todo en los últimos años, desde la existencia de la neurogénesis se
ha comprobado científicamente y ahora sabemos qué ocurre cuando las células
madre, un tipo especial de célula que se encuentra en el giro dentado, el
hipocampo y, posiblemente, en la corteza pre-frontal, se divide en dos células:
una célula madre y una célula que se convertirá en una neurona totalmente
equipada, con axones y dendritas.
Luego, estas nuevas neuronas migran
a diferentes áreas (incluso distantes entre sí) del cerebro, donde son
requeridas, permitiendo de esta forma que el cerebro mantenga su capacidad
neuronal.
La plasticidad neuronal, que
también se conoce como plasticidad sináptica, plasticidad neural o neuroplasticidad,
es la propiedad natural y funcional de las neuronas al establecer una
comunicación.
La Organización Mundial de la Salud
define la plasticidad neuronal como la capacidad que tienen las
células que conforman el sistema nervioso para reconstituirse de forma
anatómica y funcional, después de ciertas patologías, enfermedades o
incluso traumatismos.
![]() |
| Como aprende la neurona |
Se trata de una capacidad
adaptativa de todo el sistema nervioso para solucionar o contrarrestar los
efectos que una lesión puede causar en las células. Dicha cualidad supone la
modulación de la percepción de los estímulos entrantes y salientes respecto a
su medio de modo tal que ciertas neuronas puedan suplir las deficiencias y
ocupar el lugar de otras neuronas que no funcionan correctamente. A su vez la
plasticidad neuronal permite el crecimiento de nuevas sinapsis tomando como
punto de partida una neurona que se encuentra dañada.
Esta capacidad del cerebro es más
eficiente cuando el afectado cuenta con pocos años de edad que cuando se encuentra
en la etapa adulta. El proceso de reconstrucción neuronal se desarrolla de
forma paulatina, pudiendo notarse sus resultados en las pequeñas mejorías que
manifiesta el paciente en su movilidad y en la recuperación de los movimientos
o funciones perdidas. El cerebro está formado por billones de neuronas, las
cuales se encuentran conectadas entre sí por sinapsis. Pese a que las neuronas
no pueden reproducirse por sí mismas, sí existe algo llamado regeneración
dendrítica (las dendritas son las prolongaciones ramificadas de las
células), que se da cuando aparecen lesiones en el cerebro.
También se le dice plasticidad
cerebral o neuroplasticidad a la capacidad que tiene el cerebro
de modificarse a sí mismo como respuesta a los estímulos del medio ambiente, lo
cual le permite recordar eventos, palabras, establecer nuevas asociaciones,
aprender, mejorarse a sí mismo, establecer nuevas conexiones, reforzar
conexiones existentes, etc.
En la actualidad, tenemos a la mano
mucha información sobre el desarrollo del cerebro y la importante actividad
presentada durante los primeros años de vida. Sabemos hoy la importancia del
medio ambiente en el que el bebé comienza a desarrollarse, y cómo todos los
estímulos que vienen de su entorno, impactan la estructura de su cerebro.
![]() |
| estimulacion cerebral |
Si las condiciones
del medio ambiente son favorables al desarrollo cerebral, el niño tendrá la
oportunidad de potenciar sus habilidades de manera importante.
Cuando el niño nace, su cerebro está
totalmente libre de conductas genéticas; lo único que presenta son algunas
respuestas reflejas, que le permiten sobrevivir y comenzar su adaptación a su
nuevo espacio de vida. El bebé nace con miles de millones de células cerebrales
o neuronas. Además, aunque no crecerán nuevas células nerviosas, es durante la
infancia cuando estas células se mielinizan: es decir, desarrollan
completamente la mielina, la sustancia que las recubre y permite que
establezcan conexiones unas con otras. Sin mielina el impulso eléctrico no
funciona bien.
Estas conexiones se conocen con el
nombre de sinapsis, y para que se dé adecuadamente estas conexiones, es
necesario que el bebé entre en contacto con su medio ambiente;cada vez que el
niño reciba un estímulo del exterior, se generará un sinapsis. Estos estímulos
los recibe el niño a través de sus sentidos: con sus oídos, su lengua, sus
labios, su cuerpo, sus ojos, su olfato y su tacto.
![]() |
| estimulo de los sentidos |
Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica de las formaciones psicológicas que permiten configurar las condiciones para el aprendizaje. Esto quiere decir que el cerebro del niño se transforma de acuerdo con sus estímulos enviados desde su entorno inmediato.
A esa gran capacidad que tienen los niños de asimilar la estimulación del mundo a su alrededor es lo que se denomina plasticidad cerebral.
Esta información es de gran valor
especialmente para los niños que nacieron en situaciones especiales poniendo en
riesgo su desarrollo, y su posibilidad de sufrir retrasos significativos. Con
estos niños el trabajo de estimulación temprana representará la diferencia
entre padecer una deficiencia importante de sus capacidades, o recuperar el
daño recibido mediante la transformación de su cerebro gracias a la plasticidad
cerebral.
La plasticidad continúa
presentándose en todas las etapas del desarrollo, pero nunca con la intensidad
que se manifiesta en lo períodos sensitivos del desarrollo, en especial, esos
primeros 3 años de vida.
Se trata de una capacidad
adaptativa de todo el sistema nervioso para solucionar o contrarrestar los
efectos que una lesión puede causar en las células. Dicha cualidad supone la
modulación de la percepción de los estímulos entrantes y salientes respecto a
su medio de modo tal que ciertas neuronas puedan suplir las deficiencias y
ocupar el lugar de otras neuronas que no funcionan correctamente. A su vez la
plasticidad neuronal permite el crecimiento de nuevas sinapsis tomando como
punto de partida una neurona que se encuentra dañada.
Esta capacidad del cerebro es más
eficiente cuando el afectado cuenta con pocos años de edad que cuando se encuentra
en la etapa adulta. El proceso de reconstrucción neuronal se desarrolla de
forma paulatina, pudiendo notarse sus resultados en las pequeñas mejorías que
manifiesta el paciente en su movilidad y en la recuperación de los movimientos
o funciones perdidas. El cerebro está formado por billones de neuronas, las
cuales se encuentran conectadas entre sí por sinapsis. Pese a que las neuronas
no pueden reproducirse por sí mismas, sí existe algo llamado regeneración
dendrítica (las dendritas son las prolongaciones ramificadas de las
células), que se da cuando aparecen lesiones en el cerebro.
También se le dice plasticidad
cerebral o neuroplasticidad a la capacidad que tiene el cerebro
de modificarse a sí mismo como respuesta a los estímulos del medio ambiente, lo
cual le permite recordar eventos, palabras, establecer nuevas asociaciones,
aprender, mejorarse a sí mismo, establecer nuevas conexiones, reforzar
conexiones existentes, etc.
En la actualidad, tenemos a la mano
mucha información sobre el desarrollo del cerebro y la importante actividad
presentada durante los primeros años de vida. Sabemos hoy la importancia del
medio ambiente en el que el bebé comienza a desarrollarse, y cómo todos los
estímulos que vienen de su entorno, impactan la estructura de su cerebro.
Si las condiciones del medio
ambiente son favorables al desarrollo cerebral, el niño tendrá la oportunidad
de potenciar sus habilidades de manera importante.
Cuando el niño nace, su cerebro está
totalmente libre de conductas genéticas; lo único que presenta son algunas
respuestas reflejas, que le permiten sobrevivir y comenzar su adaptación a su
nuevo espacio de vida. El bebé nace con miles de millones de células cerebrales
o neuronas. Además, aunque no crecerán nuevas células nerviosas, es durante la
infancia cuando estas células se mielinizan: es decir, desarrollan
completamente la mielina, la sustancia que las recubre y permite que
establezcan conexiones unas con otras. Sin mielina el impulso eléctrico no
funciona bien.
Estas conexiones se conocen con el
nombre de sinapsis, y para que se dé adecuadamente estas conexiones, es
necesario que el bebé entre en contacto con su medio ambiente; cada vez que el
niño reciba un estímulo del exterior, se generará un sinapsis. Estos estímulos
los recibe el niño a través de sus sentidos: con sus oídos, su lengua, sus
labios, su cuerpo, sus ojos, su olfato y su tacto.
Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica de las formaciones psicológicas que permiten configurar las condiciones para el aprendizaje. Esto quiere decir que el cerebro del niño se transforma de acuerdo con sus estímulos enviados desde su entorno inmediato.
A esa gran capacidad que tienen los niños de asimilar la estimulación del mundo a su alrededor es lo que se denomina plasticidad cerebral.
Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica de las formaciones psicológicas que permiten configurar las condiciones para el aprendizaje. Esto quiere decir que el cerebro del niño se transforma de acuerdo con sus estímulos enviados desde su entorno inmediato.
A esa gran capacidad que tienen los niños de asimilar la estimulación del mundo a su alrededor es lo que se denomina plasticidad cerebral.
Esta información es de gran valor
especialmente para los niños que nacieron en situaciones especiales poniendo en
riesgo su desarrollo, y su posibilidad de sufrir retrasos significativos. Con
estos niños el trabajo de estimulación temprana representará la diferencia
entre padecer una deficiencia importante de sus capacidades, o recuperar el
daño recibido mediante la transformación de su cerebro gracias a la plasticidad
cerebral.
La plasticidad continúa
presentándose en todas las etapas del desarrollo, pero nunca con la intensidad
que se manifiesta en lo períodos sensitivos del desarrollo, en especial, esos
primeros 3 años de vida.
El desarrollo del cerebro de la infancia se realiza en dos etapas
Es en los tres primeros años de
vida el eje central del desarrollo integral del niño, ya que es en este
período cuando deben ocurrir los eventos más importantes de su maduración. El
trato amoroso, la estimulación de sus capacidades lingüísticas, motoras e
intelectuales y el juego son esenciales para que los niños tengan un potencial
íntegro para ser excelentes estudiantes y ciudadanos, listos para seguir
formando sus capacidades durante el resto de la vida. Los cuidados y
atenciones que reciba el niño en esta etapa, es lo que le permitirá
sobrevivir y estar físicamente sano.
Al mes de vida hay intensa actividad en las áreas cortical y subcortical, las cuales controlan las funciones sensorial y motriz.
La actividad cortical se eleva entre el segundo y el tercer mes de vida, tiempo primordial para la estimulación visual y auditiva. Cerca del octavo mes, la corteza frontal muestra una actividad metabólica incrementada; esta área del cerebro regula las emociones y el pensamiento, y se encuentra en plena actividad al momento en que el niño avanza en la auto regulación y fortalece su apego con sus cuidadores primarios.
Hasta los seis años el cerebro sigue adquiriendo habilidades pero sobre una estructura anatómica ya definida; de manera que a esa edad puede darse por concluido el proceso de desarrollo cerebral.
Pero no sólo las neuronas se desarrollan, se recubren de mielina y se conectan entre ellas (a los tres años se habrán establecido 1.000 trillones de conexiones). También el aspecto del cerebro cambia en los primeros años de vida. Crece en tamaño y se proporciona con el resto del cuerpo. El cerebro representa un tercio de todo nuestro organismo en el momento en que nacemos, y alcanzará casi 80% de su tamaño adulto entre los cuatro y cinco años. Parte de ese crecimiento se debe a la propia mielina, que aumenta su volumen, así como a las neuronas, que se expanden para extender sus ramificaciones.
Al mes de vida hay intensa actividad en las áreas cortical y subcortical, las cuales controlan las funciones sensorial y motriz.
La actividad cortical se eleva entre el segundo y el tercer mes de vida, tiempo primordial para la estimulación visual y auditiva. Cerca del octavo mes, la corteza frontal muestra una actividad metabólica incrementada; esta área del cerebro regula las emociones y el pensamiento, y se encuentra en plena actividad al momento en que el niño avanza en la auto regulación y fortalece su apego con sus cuidadores primarios.
Hasta los seis años el cerebro sigue adquiriendo habilidades pero sobre una estructura anatómica ya definida; de manera que a esa edad puede darse por concluido el proceso de desarrollo cerebral.
Pero no sólo las neuronas se desarrollan, se recubren de mielina y se conectan entre ellas (a los tres años se habrán establecido 1.000 trillones de conexiones). También el aspecto del cerebro cambia en los primeros años de vida. Crece en tamaño y se proporciona con el resto del cuerpo. El cerebro representa un tercio de todo nuestro organismo en el momento en que nacemos, y alcanzará casi 80% de su tamaño adulto entre los cuatro y cinco años. Parte de ese crecimiento se debe a la propia mielina, que aumenta su volumen, así como a las neuronas, que se expanden para extender sus ramificaciones.
| niños de seis años de edad |
Los padres pueden mejorar el desarrollo cerebral del niño
Es de suma importancia explicar a los padres este tema tan trascendente para el desarrollo integral de los niños. Las funciones cerebrales son consideradas hoy como parte fundamental en los procesos de aprendizaje y el éxito educativo en el futuro.
El medio ambiente influye mucho. La nutrición y los diversos estímulos ambientales (cognitivos, sensitivos, verbales, afectivos y motores) modelan el cableado cerebral. Durante los primeros años de vida, las experiencias negativas pueden dejar daños permanentes que se relacionan con dificultades de aprendizaje. Si un niño comienza su proceso de aprendizaje tempranamente (de 1 a 3 años), la actividad cerebral preponderante se radica en el hemisferio izquierdo. Si este proceso empieza entre los 3 y 6 años, es posible observar actividad en el hemisferio derecho, siendo la distribución bilateral más marcada entre los 11 y los 13 años.
Una mala alimentación impacta en el correcto cableado cerebral, así como un ambiente negativo dificulta el proceso de cableado, lo que se traduce en un impacto duradero.
Se ha comprobado que los niños que se desarrollan en
ambientes de carencia emocional y cultural presentan serias dificultades
para el posterior proceso de aprendizaje.
No obstante, si antes de que se cierre esta ventana (a los 3 años) se interviene con una alimentación adecuada y estimulación verbal y psicoafectiva, queda tiempo para la recuperación del daño, ya que vuelven a restablecerse las conexiones sinápticas. Si no existe esta estimulación, el daño se vuelve permanente y el niño es lesionado de por vida.
La pasividad de los padres, limitada a la propia alimentación del niño, sin adecuar el medio ambiente al desarrollo cerebral infantil tendrá repercusiones negativas en el futuro cognitivo, profesional y social de su hijo.
La manera como los padres crían a sus hijos modula la plasticidad cerebral. Si los padres son capaces de llevar a cabo una estimulación adecuada en la que consigan bebés calmados y tranquilos pero con una buena actividad, movimiento, interés por las cosas, mediante los recursos ambientales que tienen a su alrededor (visuales, táctiles, auditivos, de movimientos, espaciales, afectivos, emocionales...) mantendrán un buen desarrollo cerebral. También evitarán consecuencias neurobiológicas negativas para el cerebro en formación del bebé, que pueden tener consecuencias negativas en el futuro desarrollo cognitivo, mental y emocional de su hijo.
No obstante, si antes de que se cierre esta ventana (a los 3 años) se interviene con una alimentación adecuada y estimulación verbal y psicoafectiva, queda tiempo para la recuperación del daño, ya que vuelven a restablecerse las conexiones sinápticas. Si no existe esta estimulación, el daño se vuelve permanente y el niño es lesionado de por vida.
La pasividad de los padres, limitada a la propia alimentación del niño, sin adecuar el medio ambiente al desarrollo cerebral infantil tendrá repercusiones negativas en el futuro cognitivo, profesional y social de su hijo.
La manera como los padres crían a sus hijos modula la plasticidad cerebral. Si los padres son capaces de llevar a cabo una estimulación adecuada en la que consigan bebés calmados y tranquilos pero con una buena actividad, movimiento, interés por las cosas, mediante los recursos ambientales que tienen a su alrededor (visuales, táctiles, auditivos, de movimientos, espaciales, afectivos, emocionales...) mantendrán un buen desarrollo cerebral. También evitarán consecuencias neurobiológicas negativas para el cerebro en formación del bebé, que pueden tener consecuencias negativas en el futuro desarrollo cognitivo, mental y emocional de su hijo.
La falta de sueño bloquea irreversiblemente la plasticidad neuronal
Estudio de un equipo de científicos de
la Universidad de Nueva York y de la Universidad de Pekín publicado
en la revista Science, en junio 2014.
El estudio realizado sobre el
ratón, autorizado o privado de sueño, muestra el impacto de una privación
sobre la formación de nuevas dendritas, las puertas de entrada de las neuronas
que tratan y le transmiten la información de una neurona a otra. Mientras que
la formación de nuevas dendritas está asociada con el aprendizaje y la
plasticidad del cerebro, el papel esencial del sueño en estas nuevas conexiones
está nuevamente confirmado y documentado.
Usaron tecnología avanzada de
microscopio para poder observar los procesos de sinapsis y la interacción de
las neuronas en el cerebro de los seres vivos y saber cómo funciona el
aprendizaje.
Los investigadores realizaron un
experimento en el cual entrenaron a ratones a hacer tareas que no conocían
previamente. Posteriormente observaron la actividad del cerebro de los ratones
según las horas de descanso que habían tenido, e hicieron una comparación.
Según la comparación de resultados,
los ratones que durmieron registraron una mayor cantidad de conexiones neuronales,
al momento de realizar las tareas y por lo tanto, aprendían mejor. Con
esto se explica que hay fases específicas del sueño en las que se lleva a
cabo una regeneración de la memoria y la actividad cerebral. La etapa profunda
del sueño es necesaria para la formación de los recuerdos.
Posteriormente, al interrumpir
las fases específicas del sueño, también demostraron la importancia del sueño
profundo u ondas lentas para poder formar la memoria, ya que durante esa etapa
el cerebro “reproduce” la actividad de todo el día.
El sueño condiciona la memoria del aprendizaje.
Los ratones autorizados a dormir
conservan estas proyecciones entre neuronas en los días siguientes, sugiriendo
que el aprendizaje de una competencia persiste durante largos períodos de
tiempo y con un mínimo de interferencias con los otros aprendizajes.
El sueño no paradoxal principalmente implicado la memoria.
Los investigadores constatan también
que la privación de sueño paradoxal (REM) no comporta esta disminución de las
sinapsis, que, a partir de las dentritas aseguran la transmisión del influjo
nervioso.
Esto sugiere que el sueño lento (no-REM) estaría principalmente
implicado en la formación de nuevas conexiones nerviosas después del
aprendizaje.
Este estudio demuestra que el
sueño ayuda a producir nuevas conexiones cerebrales y que el cerebro no se
silencia por completo durante dicho sueño, ya que reproduce todo lo que sucede
durante el día, lo que es muy importante para producir conexiones neuronales.
Las actividades que realizan los
seres humanos, involucrando el razonamiento, aprendizaje y memoria, son
registradas por el cerebro cuando se encuentra en la fase más profunda del
sueño. El aprendizaje y el entrenamiento intenso son contraproducentes si no se
tiene una rutina de sueño adecuada para generar un procesamiento de estos.


